jueves, 16 de noviembre de 2017

3ª Sesión del III Taller de creación literaria: Pablo Méndez

En esta ocasión hemos contado con la visita de Pablo Méndez, poeta, novelista, editor, grafólogo... una persona polifacética que nos ha leído algunos fragmentos de su obra y ha comentado algunos aspectos de su vida profesional y creadora, además de darnos algunos consejos para el buen hacer creativo.




Dejamos aquí algunas imágenes y vídeos como recuerdo de su paso por nuestro Taller.




La biblioteca de nuestro instituto fue el recinto donde recibimos a nuestro ilustre poeta.








Una vez terminada la lectura de su obra, Pablo Méndez contestó las preguntas hechas por los asistentes.











Los miembros del Taller le regalamos a Pablo Méndez los dos ejemplares publicados con nuestros trabajos. 


Finalmente, firmó ejemplares de la revista "tinta en la media noche" que acaba de iniciar su andadura. Esperamos que el esfuerzo editorial tenga una merecida acogida.





















3ª Sesión del III Taller de creación literaria: Davido Prieto

Hemos trasladado el Taller de creación literaria al Salón de actos para recibir la visita de Fernando Pessoa, redivivo gracias a Davido Prieto, un profesor de matemáticas que, hechizado por la poesía del poeta luso, decidió dar el salto a la escena introduciéndose en el universo poético de Pessoa y de sus heterónimos.




Presentamos aquí algunos momentos de la magnífica actuación de Davido Prieto. Esperamos verle pronto en nuestro instituto y le agradecemos su labor difusora de la poesía.




























Gracias a todos por vuestra asistencia.



lunes, 6 de noviembre de 2017

Trabajos de la segunda sesión del III Taller

El trabajo para esta segunda sesión continúa inspirándose en las situaciones "cotidianas" del metro de Madrid:



A partir de la imagen, los participantes en el Taller realizarán un texto basado en esta realidad y dejarán volar su imaginación por los territorios de la narrativa, los etéreos cielos de la lírica o cualquier otro tipo de expresión artística.





TRAS EL OVILLO DE LANA

Aquel ovillo de lana que había aparecido encima de la mesa, me provocaba unas ganas enormes de cogerlo, arañarlo, morderlo… Lo observaba  escondida entre las cortinas, vigilante, como si en cualquier momento pudiera moverse y escapar. Una mano agarra el ovillo y lo mete en un bolso, inmediatamente me meto allí con él, nos movemos. Lo sujeto e intento estar lo más quieto posible para que nadie se percate de mi presencia. Mis oídos captan distintos sonidos nuevos para mí, oigo a la gente hablar y caminar, escucho música y monedas caerse de un lado para otro. Se me ocurre sacar la cabeza del bolso y veo un armatoste enorme dirigiéndose hacia mí emitiendo un ruido descomunal, parece mi final, es lo único que se me pasa por la cabeza. Pero no, cuando abro los ojos de nuevo, la máquina está parada frente a mí y nos adentramos en ella. En el interior hay gente sentada con esos dispositivos tan raros que se usan hoy en día. La persona que me ha traído hasta aquí saca el ovillo y se pone a trabajar con él. Decido investigar este recinto que se mueve como por arte de magia. Cuando salgo veo cómo me mira y dice:

-Pero bueno, ¿cómo es que no estas en casa? Eres una gata muy traviesa…

Luna Salazar






Alejandro Sánchez Molina





Latrocinio

<Entra por debajo, coges, tiras>. Fruncía el ceño mientras realizaba esto una y otra vez. Sus manos ya mecanizadas lo reproducían vertiginosamente. Sin embargo, su mente estaba ahí, y solo ahí. El trajín del vagón era un suave vaivén que la acompañaba grácilmente mientras hacía sus tejidos.

Por eso te estoy diciendo que mañana lo tengo para ti. decía por el móvil un hombre que tomaba asiento junto de ella.

<Entra por debajo, coges, tiras>. Las agujas y el estambre se habían adueñado de ella, que ni se percató que su acompañante había terminado de hablar con el móvil.

<Entra por debajo, coges, tiras>.  El vil hombre, más con maña que con hazaña, estiró la mano y logró pescar una de las bolsas de la compra que llevaba aquella mujer.

<Entra por debajo, coges, tiras>. Un sonido retumbó en la cabeza de aquella mujer:

Próxima estación: Legazpi.

Y de un instante a otro, la mujer recuperó la noción de todo lo que le rodeaba. Pareciese que había despertado.


Guardó sus tejidos y se apeó. Pero en ese segundo, mismo en el que se incorporó dispuesta para marcharse, se encontró con una bolsa faltante y un vagón vacío.

Iker Karel




VERDE Y BLANCO

Teje verde lana verde,
teje la verde esperanza
que guarda en la bolsa verde
… pero el verde se le acaba…

Grises   agujas de punto
trenzan islas en un mapa
de océanos y corrientes
que la transportan a ítaca.
              
En la Odisea fruncida                         
Nemosyme la acompaña,       
mas la lana de los sueños
… en la labor se le acaba…

Teje en blanco, en blanco teje
-se agotó el verde esperanza- .
Trenza las horas en blanco
… y la madeja se acaba…

Teje y desteje el sudario
por no quedarse sin lana
y poder seguir tejiendo
… hasta la última parada…


Pilar Elvira Vallejo




OPERACIÓN GANCHILLO

Estaba muy nerviosa. Mi objetivo estaba cerca. Sólo tenía que esperar.
Iba a ser demasiado notorio, la gente sospecharía. Tenía que parecer natural. La misión había comenzado.
Ya estaba dentro de mi radar.
Se acercaba.
Desactivé los artilugios y presté atención al “halcón”. Debía parecer normal. Camuflé el dispositivo de escucha en auriculares para el móvil.
Siguiendo las instrucciones que me daban, pasé al vagón del metro. Debería estar a simple vista y en efecto, ahí estaba.
Me levanté y me puse a su lado. No sabía qué hacer, no tenía más instrucciones.
La señora me pasó una de sus agujas de hacer punto.
Llegué al cuartel. Sólo había conseguido una aguja. Misión fallida.
“Halcón” me saludó y me ofreció la cerradura. Cogí lo único que conseguí para pasar esta misión y comprendiendo al instante lo que debía hacer, tiré de una patada la caja y clavé la aguja a “halcón”. Esa era mi misión.
Al instante en que la aguja hizo contacto con su piel, se produjo una explosión. Provenía de aquel punzante objeto.
Sólo veía humo y la silueta de mi supuesto jefe. Una vez que el humo se disipó y se cumplieron mis sospechas, pude ver el esqueleto mecánico de aquel artefacto que simulaba ser mi jefe.

De lo que quedaba de la aguja, surgió un sonido que decía: “Esto no termina aquí, tu misión solo acaba de empezar”.

Irene García Horcajada



Vía de escape

       Las agujas se movían con ligereza en el aire, escribiendo todas y cada una de las palabras que tenía que contar, que expresar, cada vez más rápido, con ansia por dejar escapar todo aquello que le ataba y apretaba por dentro, que le hacía contener la respiración. No tenía mucho tiempo; era consciente, pero necesitaba liberarse, escaparse; escaparse para sentirse libre, como darle alas a un pájaro que desea volar, para que recorra todo un prado raudo y frenético, y al final simplemente termine posándose sobre el árbol más cercano.
       Con cada rítmico movimiento de sus manos, se iba aflojando la cuerda.
       Súbitamente, el tren dio un frenazo. Dejó las agujas de tejer sobre sus piernas. Las encerró dentro de su puño y, con paso rápido, salió del vagón del metro, alejándose del prado.


Joaquín Pérez Grande




Mujer tejiendo el mar


Laia Castellá Úbeda


(La imagen de la mujer tejiendo en el metro me sugirió un escenario en el que esta estaba hilando el mar y se encontraba en medio de una tormenta. Ella mantiene una expresión calmada a pesar de todo lo que ocurre a su alrededor. De manera parecida, la mujer de la fotografía teje, a pesar de toda la gente que entra y sale del metro y del movimiento del transporte público en general).